jueves, 8 de diciembre de 2016

Instinto de supervivencia.

Me he visto en un mar de dudas donde tú eras la principal. Y he preferido ahogarme a que tú fueses mi único salvavidas. Puse a prueba mi instinto de supervivencia y me di cuenta que sin ti también se puede sobrevivir.

Fui el único náufrago que te sobrevivió y, con la sal en los ojos, te dije adiós.
Hay que saber despedirse de la tormenta para poder disfrutar de la calma.
Ahora estoy en una isla desierta donde mi mejor compañía soy yo. Ahora es cuando sé que a veces no hay opciones, pero que tampoco se necesitan.
Que la vida nos pone a prueba cuando hace ya tiempo que aprobamos la asignatura.

Por eso, ahora que veo todo de lejos, sé que fuiste un naufragio en mi vida, pero no el único.
Por eso, ahora entiendo que fuiste lo único que pasó por delante cuando me ahogaba de mí misma. Y me aferré a ti como a un clavo ardiendo.
Pero ahora hay muchos más clavos en mi vida, que no arden, pero dan más calor. Que, a veces, el amor tiene más de quién que de cómo.

Me han enseñado a vivir con la tranquilidad de que aunque te ahogues siempre estará el fondo para poder impulsarte. Y quien habla de fondo, habla de alguien. Hay personas salvavidas que aparecen en el momento justo para hacerte el boca a boca y dejarte el amor en los labios.

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